Pasé el sábado en la mañana a recuperar unas llaves olvidadas en la oficina de la productora, no había nadie en la entrada, ni en el pasillo, pasé miré a los lados y nada. Entré al baño en la planta baja, y luego subí a mi cubículo, nadie. Aproveché para ver los emails, jugar una partida de solitario, y ver un par de videos personales pornos, regresé a los emails nada importante, tomé las llaves y emprendí la partida. Justamente cuando abrí la puerta de entrada para salir, ella estaba allí con la llave en la mano a punto de entrar, se asustó y pegó un salto hacia atrás y se puso la mano en el pecho. Primero me reí y luego fui a reconfortarla… tranquila soy yo, le dije.
Se calmó y entramos, ella venía de una pauta tempranera y paso a dejar los equipos… la ayude, y me invitó un café, me dio las gracias y me acercó la taza con un guayoyo. Ella era camarógrafa y yo productor pero casi nunca coincidíamos en la semana, ese día por pura casualidad allí estábamos, frente a frente, nos descubrimos en silencio, casi sin hablar, estaba buena sin duda. Un poco más alta que yo, flaca, tetona natural y bellas caderas, blanca de pelo negro corto, piercing en la nariz y tres zarcillos en la oreja izquierda, algunas pecas se colaban en el sobrio escote de la camisa, jeans y botines Conversé negros. Voz agradable y risa serena, ojos miel, cejas finas y labios carnosos rosados. Sonó repentinamente una alarma de carro y salimos disparados para ver por la ventana, era otro carro, reímos juntos y apretados en la ventana, estábamos cerca, nos rozamos un poco, tropezamos, la dejé pasar, caminó frente a mi y se acomodó el cabello con las dos manos, bello cuello, divina figura, rabo simpático, se volteó y notó cómo la veía, claro se activo lo noté en su mirada. Regresamos al cafetín para terminar el café, listo, recogí las tazas y las lave, cuando di la vuelta ya no estaba, la llamé y nada, fui hasta la sala de edición y allí estaba, dejando los rushes identificados en su lugar, volteó y otra vez se asustó, esta vez casi nada, finalmente sonrió de su tontería. Le dije vamos, en son de partida y dijo sí, vamos respondió, apagó las luces de la sala, la esperé en la puerta nos rozamos adrede, le agarré una mano y ella me atrapó por la cintura, la empujé hacia mí y nos besamos de una, le besé el cuello y ella se estrujaba contra mí, le agarré las tetas y ella mis nalgas. Se apagaron automáticamente las luces del pasillo, quedamos en la penumbra de la oficina, apenas unos ratos de sol que se colaban por las claraboyas.
Nos sacamos los zapatos de un golpe y nos bajamos los jeans al unísono, después la franela y camisa, retrocedimos un instante, nos vimos de arriba abajo, sonreímos con cara de pícaros y regresamos a lo nuestro… te monté en la mesita de la cafetería, te arranqué los sostenes y comencé a chuparte las tetas, intercalaba besos, chupadas y mordisqueadas mientas te apretaba la respalda al mismo tiempo. Jugaste con mi espalda, el cuello y las nalgas, hasta que metiste la mano allá abajo y lo palpaste duro, y lo acariciaste de la cabeza a las bolas, con la otra jugabas entre la espalda y el cuello.
Te bajé de la mesita, y nos quitamos el resto de las prendas íntimas, mi turno, de un brinco subí y te lo dejé a tus anchas, lo viste, te humedeciste los labios y fuiste de una hasta lo más profundo con él. Allí pasaste un buen rato mientras me veías de vez en vez, lo sacabas te lo pasabas por la cara, lo besabas, lo lamías y otra vez te lo tragabas, era un placer compartido verte chuparlo y verme complacido. Paraste, te arreglaste la cabellera, me agarraste por una mano y me bajaste de un jalón, fuimos a mi oficina, sacamos las cosas que nos estorbaban y te acostaste sobre el escritorio, subiste las piernas y te abriste para mí, me acerqué, metí apenas la cabeza en tu cuca, apretaste y se humedeció más, mi guevo se puso más grueso y fui un poco más, me gritaste « dale con todo » y así fue no paré para nada, con todo, tú te agarraste al escritorio y yo te di con todo, te agarré por las piernas y fui más rudo, el escritorio sonaba y se movía, sudamos en un instante, me encerraste entre tus piernas y allí te agarré las tetas con una mano y la otra al cuello, te fui apretando poco a poco, hasta ver cómo te ponías roja, solté, seguí dándote duro con el sexo, te volví a ahorcar y te viniste de un solo golpe, aflojaste y allí me vine yo, adentro sin preguntar… me dejé caer sobre tí, me abrazaste, nos besamos lentamente, y aterrizamos en el piso alfombrado…
Ayer supe de ella, más de veinte años después, una amiga en común me contó que a sus cuarenta y dele, sigue guapa y sexy, que sigue en el medio como directora de comerciales.